2013/07/09

La representación en las Cortes del Antiguo Régimen. Apuntes sobre la ponencia de Jon Arrieta


Jon ARRIETA ALBERDI UPV/EHU

 1. El tratamiento que se pretende dar a la cuestión que figura en el título de esta aportación, se plantea teniendo en cuenta, lógicamente, que se encuadra en un seminario cuyo centro de atención es el problema de la representación política y su crisis EN LA ACTUALIDAD, más concretamente desde la perspectiva del CONCEPTO de representación política.

  • 1.1. Dado que en nuestro caso se trata, tal como nos ha sido solicitado, de ofrecer un análisis, descripción y reflexión sobre los aspectos que ofrecía la representación política en el Antiguo Régimen, se dedicará una primera parte de la exposición a la cuestión de la forma de contemplar dicho concepto, las perspectivas que cabe adoptar para un enfoque que resulte fiel a las formas y contenidos que la cuestión presentaba en el pasado, sin perder de vista, nunca mejor dicho, que nuestra mirada se extiende a un mundo en el que determinados pasos y cambios cualitativos en la cuestión no se habían dado todavía. Es el caso de la división de poderes y de campos de acción delimitados e independientes y, sobre todo y especialmente, de los órganos existentes para el cumplimiento de las respectivas funciones. También es obligado tener en cuenta que los órganos que intervienen en la actividad parlamentaria no ejercen esta función como si fuera un compartimento estanco, diferenciado de la aplicación e interpretación del derecho. Debe contemplarse la cuestión más como un círculo en el que se producen conexiones varias que como un grupo de estratos horizontales aislados entre sí. Otra matización importante es la que afecta a la división clásica entre rey y reino, rey-cortes, dado que hay un tercer elemento que debe tenerse en cuenta: los Consejos y/o tribunales de máxima instancia, de modo que la premisa estructural remite a una triada más que a una dualidad.

  • 1.2. La idea que las Cortes y Parlamentos ejercían la función de promulgar leyes de valor general para la comunidad en la que se iban a aplicar, constituye una premisa válida, pero que requiere de múltiples valoraciones, matizaciones y comentarios adicionales. Para ello se puede llevar a cabo, en primer lugar, un breve recorrido por la trayectoria histórica general de las instituciones parlamentarias. En primer lugar atendiendo a su origen y evolución medievales, para lo que resulta válido el concepto, por una parte, del deber de consejo de los súbditos hacia el titular del poder, conciliado con la obligación de este de oír las peticiones y considerar vinculantes los acuerdos adoptados. Este último aspecto nos obliga a conectar con otra realidad, pues, de modo lógico y natural, como la experiencia, por otra parte, demuestra, las Cortes generan un órgano de ejecución de lo decidido: las diputaciones. Básicamente se despliega su acción en dos campos: si se aprueba un servicio, hay que reunir el dinero, lo que conduce a la creación y gestión de los correspondiente tributos. Si se aprueban unas medidas y prestaciones, deben crearse los órganos correspondientes. El resultado final es la necesidad de considerar conjuntamente Cortes, Juntas y Diputaciones.

2. La breve y, seguramente, obligada síntesis histórica, la llevaremos al terreno de la historia de España, que ofrece, por cierto, una gran riqueza de supuestos y situaciones, y es la que, lógicamente, mejor se conecta con el resto de exposiciones del seminario, bien entendido que si se pretende una visión más general, los conceptos que tendremos en cuenta resultarán también válidos. Partiendo de esa premisa, se irá entrando en determinados aspectos que se pueden considerar de interés para lograr el acercamiento o visión que permita el objetivo arriba citado de adecuar nuestra mirada al pasado de la forma más adecuada posible. Para ello organizamos el siguiente punto de la exposición atendiendo a:

  • 2.1. La dimensión. La representación política puede entenderse en la de nivel de un reino, como habitualmente se hace, pero no debe perderse de vista la local, o la intermedia, de orden comarcal por ejemplo, cuando era posible y habitual que coexistieran las tres.  
  • 2.2. En el caso de España es importante tener en cuenta que existe incluso un cuarto plano, de abajo hacia arriba, que es el de la Monarquía en su conjunto, cuando esta acoge a varios reinos.
  • 2.3. Se trata de tener en cuenta y tomar conciencia, a los efectos de la comparación con el presente, de la importancia de la representación local, con vistas a entender la que se da en los otros planos. 

3. Partiendo de esa base, podemos centrarnos, siguiendo la pauta que ofrece la experiencia hispánica, en las Cortes y Parlamentos de los reinos que han desarrollado su trayectoria histórica en su seno.

En primer lugar para responder a la pregunta de para qué se reunían las Cortes, cuáles eran sus cometidos podemos ordenar en torno a los siguientes: 1. Promulgar leyes, entendiendo por tales, especialmente, las de valor general para todos. 2. Aprobación del servicio económico. 3. Resolución de agravios o problemas previos. 5. Máximo grado de consenso, con el ideal del “nemine discrepante”, para lograr el máximo grado de vinculación y compromiso en el cumplimiento de las normas acordadas.

  • 3.1. Normalmente, si hablamos de Cortes, nos situamos, en la experiencia hispánica, en asambleas organizadas por brazos o estamentos. En tales casos se reúnen en Cortes los titulares de jurisdicción, lo que obliga a distinguir los tres supuestos que los brazos implican: jurisdicción eclesiástica, señorial o ciudadana. Solo la tercera contempla una representación de los habitantes de las villas y ciudades en las que se aplica directamente la jurisdicción real. En los otros dos casos, los habitantes de los respectivos señoríos son representados por los correspondientes titulares de la jurisdicción. Se explica de ese modo que el objetivo fundamental sea el de lograr una ordenación equilibrada para el ejercicio de la jurisdicción entre los diferentes titulares de la misma, con lo que ello implica desde la perspectiva de la representación en los asientos de Cortes, cuyos ocupantes tomarán las decisiones por las que se irá avanzando para llegar a los textos finalmente plasmados en la legislación promulgada en el solio de clausura.

  • 3.2. En asambleas o juntas de menor dimensión los objetivos son básicamente los mismos, pero reducidos a su ámbito territorial y competencial. Esta atención a Juntas más reducidas por el ámbito acogido nos lleva a una distinción importante, máxime para aplicarla luego al concepto de representación política. Para ilustrar la cuestión debidamente nos centraremos en un caso concreto y conocido, además de muy cercano, como es la Provincia de Guipúzcoa. Se desarrolla en ella el típico proceso de coordinación entre jurisdicciones locales en el plano de la provincial. Un conjunto de 25 núcleos, cada uno de los cuales envía su procurador a las Juntas de la Provincia para tomar acuerdos que afectan al conjunto de la misma. El procurador concentra, lógicamente, la representación de la villa o valle, y queda afectado por las normas que rigen la elección, relación con las villas, límites y condiciones en el ejercicio de su función etc.

  • 3.3. Sobre estos dos supuestos, Cortes estamentales o Juntas provinciales que reúnen a procuradores que representan a los núcleos de población asistentes, se pueden ordenar los diferentes aspectos que las formas de estar representados en cada caso implican. Los procuradores o síndicos de las ciudades en las Cortes estamentales; los de villas y ciudades en Juntas provinciales. Ambos supuestos han dado lugar a amplia bibliografía. Destaca la dedicada a los procuradores de las ciudades castellanas, por un lado, o la producida para el conocimiento de la representación por procuradores que asisten a las Juntas en los casos de Gipuzkoa y Bizkaia por otro.

  • 3.4. Todo lo que antecede afecta al concepto de representación en Cortes, Parlamentos y Juntas, como asambleas en las que es muy importante el procedimiento, la manera en que se organizan para dotar de un decidido carácter RITUAL a la institución. Se pueden distinguir varios pasos: Convocatoria; Reunión, rey – reino, pero con un tercer protagonista, el Consejo del rey y sus letrados; Asientos, habilitación de participantes; Presentación de los asuntos: quién decide el orden del “día” (o de los días, semanas o meses …); Trámite de debate: los tratadores que van consiguiendo textos consensuados; Aprobación de los textos normativos y del servicio … En este curso procesal es importante, a efectos de la representación, la habilitación de los que tomarán asiento para participar en las sesiones. Todo ello conduce a la posibilidad de concebir las Cortes como un magno proceso en el que intervienen las partes interesadas para pronunciar una sentencia consensuada, que mejore el estado de cosas y las leyes vigentes, hasta la siguiente reunión.

  • 3.5. En cualquier caso, es evidente que sigue siendo importante no solo la ocupación de un asiento en calidad de representante del sujeto correspondiente, sino también la relación entre representante y representado. De nuevo la distinción entre Corte estamental y Junta de procuradores de un conjunto determinado de villas y ciudades será de gran utilidad, por la evidente enorme diferencia que hay entre el procurador de una villa o ciudad que recibe instrucciones precisas y el noble que ocupa un asiento totalmente desconectado de sus vasallos, sobre todo si ejerce sobre ellos jurisdicción plena. En el Antiguo Régimen no era desconocido el supuesto ideal en que representante y representado estuvieran vinculados por vías que garanticen la mayor autenticidad y efectividad posibles en la toma de decisiones. Pero es claro que la variedad de supuestos y situaciones hacía que en muchos casos hubiera una gran distancia respecto al plano ideal.

4. Por todo ello, es preciso distinguir en este tema de la representación parlamentaria en el Antiguo Régimen, la dimensión estricta de orden procesal, a la que nos hemos referido, del papel representativo que cumplen las Cortes en el plano político general, desde la perspectiva de su consideración como conjuntos de órganos, funciones y prácticas rituales, que ponen en plano destacado su razón de ser por su alto valor simbólico, de REPRESENTACIÓN COLECTIVA enraizada en el imaginario del grupo en cuestión.

  • 4.1. En ese sentido, termina teniendo un alto valor social general y difuso, pero también traducible en la práctica institucional, el plano de la manera en que se conciben las Cortes, cómo se explica su origen y desarrollo histórico, cómo se transmite a la población la idea que se trata de instituciones centrales en la composición del reino. A esos efectos es obligado referirse a la teoría de las cortes, concretamente la contenida en los Tratados de Celebración de Cortes. Bastará tener en cuenta por qué son tan numerosos en la Corona de Aragón, para ver de cerca la dimensión política general, simbólica, perteneciente al “imaginario colectivo”.

  • 4.2. Cabe añadir que todo ello tiene mucho que ver con la explicación o construcción histórica o historiográfica, por lo tanto generada y expuesta por historiadores y cronistas, que, no por casualidad, dedicarán mucha atención a los momentos iniciales de funcionamiento de las Cortes, a los “actos fundacionales”, en los que el papel y presencia de una comunidad política incipiente tendrá garantizada su continuidad en la medida en que funcionen adecuadamente las vías y órganos de “representación”.

  • 4.3. Se trata, en definitiva, de una realidad bastante conocida actualmente gracias a una abundante bibliografía, que obliga sin embargo a contemplar con cierto cuidado y prevención estos diferentes planos de la cuestión, pues pueden darse, y de hecho se dan, grandes contradicciones y paradojas. El caso del reino de Aragón puede ser ilustrativo. El del Señorío de Bizkaia también lo es, en la medida en que los pequeños parlamentos también generan una literatura y una práctica institucional que permite analizar con detalle la dimensión simbólica. Los vizcaínos exponen de forma detallada las “capitulaciones” acordadas con el primer Señor de Bizkaia, y las incorporan cuidadosamente al Fuero de 1526. El plano legendario y el normativo quedan conectados, y el primero sumergido en el segundo: alimenta el imaginario colectivo, pero se ha convertido en derecho positivo. También en este caso las contradicciones y paradojas son interesantes.

5. UNA CONCLUSIÓN DESDE LA HISTORIA: AUSENCIA DE CORTES DE TODA ESPAÑA

Después de las consideraciones anteriores, en la última parte de la exposición puede ser interesante llevar la cuestión a la constatación de que en la historia de España el análisis de la cuestión nos indica una gran ausencia: no existieron unas Cortes que abarcaran de forma conjunta a todos los reinos. Dedicaremos atención especial, esperando contar con tiempo para ello, a que hubo destacadas personalidades políticas que fueron conscientes de ello y que lo expresaron con claridad.

Ello nos puede dar pie a una reflexión final sobre las condiciones en que se desarrolló realmente la toma de decisiones, dado que en un largo periodo, toda la edad moderna, no hubo Cortes generales españolas, pero sí Consejos de los reinos y, sobre todo, un único Consejo de Estado, que se ocupaba de lo que llamamos política exterior y de Guerra.

Finalmente, puede ser interesante referirse también a la relación que puede haber entre la ausencia de Cortes que hayan agrupado de forma ritual y organizada a representantes de todos los reinos de la Monarquía y la dificultad que pudo ello traer consigo a la hora de conseguir semejante objetivo en tiempos más recientes, concretamente en aquellos de los que se ocupará el profesor Marcos Criado de Diego y el resto de participantes en el Seminario.

ORIENTACIÓN BIBLIOGRÁFICA:

En el blog de este curso figuran cuatro artículos en los que, entre otros, he desarrollado las cuestiones tratadas en esta exposición, por lo que me remito a los mismos para la bibliografía pertinente, dado que figura ordenada en función de los aspectos tenidos en cuenta. Estos cuatro artículos son los siguientes:


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